Per molts anys!!
Ací tens el teu regal.
Donat conter que surt el 6 de novembre, tindràs que esperar una miqueta.
Sin alzar la voz, andar sin parar te puede llevar más lejos que correr alocadamente.
El tenpura (o tempura) exige un empastre fuera de lo común, y sus consecuencias pueden ser abrumadoras si no tienes esbirros que te ayuden a limpiar (por suerte, este era el casorrrr!!!)Han pasado seis días desde el fallecimiento de Juan Antonio Cebrian, y casi continuar con el blog, poner otra entrada en él parece una frivolidad. Algo totalmente inadecuado, una ofensa al luto. Pero mañana brindaremos por él con buen whisky y, aunque sea el tópico más extendido tras los funerales, “la vida sigue”.
Halo 3 no es para tanto. SI, es muy bueno, excelente juego, pero no es para tanto. Todos babean diciendo que si el argumento esto, el argumento lo otro, y al final queda en un argumento normalillo, con un giro extrañamente “europeo” al final y ya está. Para argumentos en juegos Bioware, señores.
Eso sí, el Halo 2 sí tenia eso del argumento. El 3 tiene la técnica y al 1 y 2 como sólidos fundamentos, pero si un juego ha de ser el del año, va a ser que se lo merece más el Bioshock. Aunque partiendo desde cero y sin saber nada de ninguno, supongo que ganaría el Halo 3.
Cumple sobradamente las expectativas, innova y crea otro modo de ver el multiplayer, pero siempre hay eyaculadotes precoces del entusiasmo que nos quitan a los demás el gusto.Así que ya podéis dejar de leer, que esto pinta magro si no os gustan los jueguecitos de marras.
Hace unos días hablé de la democracia y el juego “Hombres Lobo de Castronegro”, el sistema de votaciones y demás era lo que de daba al juego un interés, si me permitís, sociológico. Todos votan en buena voluntad esperando que al que echan fuera del juego sea el “lobo”. Esto puede acabar mal, si, pero en principio no es así. Bueno, ahora vamos con el Mall of Horror.
En el juego que nos ocupa ahora el comentario las votaciones también ocupan una parte muy importante del desarrollo del mismo, tanto que nos distribuyen una especie de marcadores que nos sirven para votar en secreto –más que en secreto, sin dar pistas para no levantar sospechas-, y, eventualmente, declarar hacia que habitación vamos. Pero expliquemos primero de qué va la cosa y después comentaremos las supuestas implicaciones sociológicas del tema.
El título lo podríamos traducir libremente como “El centro comercial del horror” –o no tan libremente. Y el juego se basa en las películas de zombis (zombi-mata-zombi) que tanto hicieron furor en los 80 –George A. Romero mediante. La mecánica del juego es sencilla, como si presentación y su tablero. Veamos, existe la posibilidad de que jueguen hasta seis jugadores –enteramente recomendable que sean los máximos. Cada jugador toma el control de un trío de personajes identificados con un color (azul, negro, verde, amarillo, rojo y marrón) y una identidad (cops-policias, men in black-hombres de negro, survivalists-supervivientes, Monroeville maulers-abusones/macarrillas de Monroeville, homeboyz-los chavales del barrio y rednecks-gañanes –por orden de color). Esto último no es relevante para el juego, todos pringarán por igual. Lo que no da tan igual son los tres componentes de nuestro equipo –aunque si igual para todos. Tenemos a una chica cuya mayor virtud es que vale siete puntos –ella es el único modo de perpetuar la especie post-holocausto-, un macarra con palo que a parte de tener un valor de 5 puntos tiene la habilidad de contar doble a la hora de parar los pies a los zombis (más abajo pongo de que va eso) y, por último, un kinki con una pistola que, no, no es para matar zombis, sino para amenazar a los demás supervivientes para que se bajen los pantalones y tal. Ese, el kinki vale solo tres puntos, pero su poder es el más valioso, he ahí el dilema. El tablero, sencillo en el planteamiento, tiene seis fotos-dibujos de seis lugares del centro comercial donde estamos. Cada uno de esos lugares tiene un “pin” al lado que señala la capacidad de personajes que tiene ese lugar, y un espacio como rallado con rotulador donde iremos poniendo a los amistosos zombis. Por supuesto también tienen sus propias particularidades. Con el 1 tenemos los servicios, ahí caben tres y no tiene nada “especial”. Con el 2 el Cachou, que va a ser una tienda de ropa, caben cuatro y tampoco tiene nada especial. Con el 3 el Megatoys, la juguetería de turno, cuatro caben y nada caracteriza este lugar. Con el 4 tenemos el parking, ahí caben todos pero a causa de su gran espacio no es posible bloquear el paso a los zombis, ahí se van a comer a alguien fijo. Pero como al osado le va el sado, es en el parking donde podremos hacernos con las cartas del juego –pequeñas joyas que pueden declinar la balanza a nuestro favor llegado el momento. Los que estén el parking votarán para ver quien coge las cartas. El interfecto cogerá tres, dará una a un compañero de juego –no es necesario que esté en el parking-, se quedará una para él –él elige- y la otra la pone debajo del mazo de modo que sabe que carta va la última y qué carta tiene el que la ha recibido de su parte. A la hora de votar es donde se nota la habilidad del kinki de la pipa, sus votos cuentan como dos, uno por él y otro por su pistola, vamos que… Regresemos a la realidad. Con el 5 tenemos la habitación de seguridad, donde las cámaras y todo eso, ahí caben tres –again, menage a troi. Los que están ahí al principio de turno votan a ver quien es el segurata jefe. El que gana hará lo siguiente. Con cuatro viles dados de seis que se lanzan rollo cubilete y ocultos se determina a donde van los zombis a mitad de turno –después de que los jugadores han declarado –en secreto, con el marcador ese- a donde van. Pues vale, el segurata jefe lo ve en secreto y lo sabe. Una vez visto él abre el turno declarando a donde va –al número 3-, sin decir con quien –nadie dice con quien. Así pues el segurata jefe no solo se echa la vida padre viendo snuff movies del centro comercial, también empieza el turno dejando a los demás detrás a la merced de la prensa del corazón no-muerta. Por último, en el 6 tenemos un clásico, el supermercado. Ahí caben seis maromos pero por desgracia cuando el número de zombis que hay en cola es cuatro o más, entran sin llamar y a zampar. Mala pata, pero menos da el parking.
Con esto he explicado algo del proceso del juego, pero recapitulemos.
El jefe segurata mirará como está el tema este turno y saldrá pitando –o timará a al vulgo con su vileza. El turno sigue desde la izquierda del segurata y en orden, cosa mala para el que queda a su derecha. La gente pone en el marcador el número del lugar al que van a mover una, y sólo una de sus fichas-personaje. Esto también determina el juego pues si ponemos a todos en el mismo sitio, al final nos van a comer a alguien. Por orden de jefe de seguridad –ahora somos buenos con el nombre- se colocan las fichas. Las habitaciones llenas hacen que los que quieran ir allí acaben en el parking. Se colocan los zombis que indicaban los dados y se ponen más zombis en las habitaciones donde hay más gente y más chicas. Ahora bien, ¿a qué hora se come? Los zombis entrarán si en la habitación hay igual o menos gente que zombis haciendo cola, un desastre, vamos. Ahí es donde entran cartas y habilidades de personaje. Al contar los macarras del palo como dos para detener zombis, una habitación con tres macarras asediada por cinco zombis, resistirá. No hay rancho. Pero si pasan, entonces viene la parte peliaguda del juego, los que están dentro votan para ver a quien echan a los bichos estos para que se lo coman y se vayan a la frutería a por los postres. Si alguien tiene cartas estas pueden ser de matar zombis, por lo que se reduce su número y no pueden entrar, de ganar votos, de atrancar la puerta –con lo que suma uno a su numero de personas dentro y con suerte no pueden pasar los bichos-, o de ocultarse y pasar de todo, por lo que no puede ser nominado/a en esta versión gore de Gran Germano.
Gana el que tenga más puntos en mesa al acabar el juego, y el juego acaba cuando todos están en la misma habitación o quedan menos de “X” personajes en el tablero (creo que eran seis).
La diferencia de los votos que se hacen en “Hombres Lobo” y en “Mall of Horror” es, a parte de que hay menos gente, que sabes que vas a putear a alguien, seguro. No hay parte de moral que te dice que lo haces por un bien mayor, no. Lo haces para sobrevivir –o, en este caso, ganar- y lo harás del modo más vil y rastrero posible. Aquí la democracia de unos pocos se puede volver en la oligarquía de “yo, mi pistola y mis cojones”. Algo que pese a lo tremendamente divertido del juego le da un sabor agridulce. Por lo menos a mi parecer.
Oh, porqué la vida es tan complicada -perdón por la frivolidad.
Boggs la rata coge el taxiHasta ahora todo ha ido perfecto en lo que respecta a la consola estropeada. Qué raro, ¿no? No, no me refiero al hecho de que esté estropeada como perfecto, sino al servicio de recogida y reparación de Microsoft. Y casi me siento adorador de Satán por decir esto último. Tras llamar a un 900 –gratuito, supongo- y hacerme con unas gratuitas tarjetas para enviarlo gratuitamente, me dan otro teléfono 900 para avisarles y si acaso ya eso lo recogen los de UPS en su nombre –gratuitamente. Si, todo esto debería de ser normal, pero en el lugar en que vivimos las garantías no suelen cumplir las expectativas, lástima. Hasta hay casos viles de telefonía móvil en los que te dan un teléfono de contacto no gratuito –encima de pagar, pagas.
Ya sé que en su tiempo dije que tras escuchar una entrevista de una persona que trabajaba para Msoft, me daba la sensación de que era alguien que pertenecía a una secta. Y bueno, los que te cogen el teléfono cuando llamas al servicio de tal tienen un acento así como de extraterrestre. Pero bueno, a priori parece que hacen las cosas vilmente para que estés satisfecho –sin vaselina y todo.
Quien sabe como acabará esto. Espero, y supongo, que bien.
El otro día hablando con un amigo de cosas de política y humanidad, se me ocurrió un símil que a la par de bueno, me aseguraría tener su atención pendiente de mis palabras.
Le expliqué que hay un juego de cartas “raro” que se juega con mucha gente, en este la mayoría toma el papel de aldeanos, uno o dos el de hombre lobo, y uno el de vidente. Existe un director de partida que se encarga de organizar todo.
La cosa es como sigue. Todos reciben una carta con su personalidad –aldeano, hombre lobo o vidente- la miran y la colocan boca abajo, nadie debe saber qué carta tienen. Todos cierran los ojos y agachan la cabeza, el director dice “que se levanten los hombres lobo”, éstos abren los ojos y levantan la cabeza, señalan a un jugador “durmiente”, ese muere en el juego. El director dice que vuelvan a dormir, y los hombres lobo cierran los ojos y agachan la cabeza. Lo siguiente que hace el director es llamar a la vidente, ésta abre los ojos y levanta la cabeza, señala a un jugador y el director le enseña la carta de ese jugador. La vidente vuelve a dormir y lo siguiente es que despierten todos menos el que los hombres lobo han señalado, que muestra su carta y queda fuera del juego como muerto. A continuación, entre todos los jugadores discuten y por votación deciden "quemar" a otro jugador –sacarlo fuera del juego.
El dilema está en que los hombres lobo tienen la sartén por el mango, la vidente no puede revelarse porque si lo hace se expone a los hombres lobo y estos la pueden “matar”, los aldeanos no saben realmente nada y un hombre lobo elocuente puede dirigirlos a matarse entre sí. Incluso éste puede acusar a su compañero para ganarse la confianza de los aldeanos…
Esto, le dije, es como somos, es la democracia. No es perfecto, pero es mejor que otros sistemas. Y no es perfecto porque lo hemos creado nosotros, seres humanos imperfectos. Y no penséis en Dios como algo perfecto, a ese también lo inventamos nosotros –o al menos el concepto de dios. Quizás todo fuera con la mejor de las voluntades, pero… que carallo, sólo somos humanos.
Aquí os dejo esta parrafada descerebrada. Me voy a matricularme y estaré un par de días fuera de onda.
Una de las cosas que han formado parte de prácticamente todas las civilizaciones, agrupaciones étnicas o sociales de la humanidad ha sido el hecho de que en el interior de esas estructuras ha habido siempre individuos que han proclamado la superioridad de su grupo frente al resto de agrupaciones o individuos humanos. Al principio es siempre algo minimalista, como pueden ser pensamientos u opiniones tales como “aquí se vive mejor, estos no saben lo que se pierden”. Las comparaciones de sistemas y técnicas de dos pueblos suelen saltar a la vista aupadas por sus respectivas condiciones de vida.
Lo peligroso de esto es que se puede decir que en cierto modo, y dependiendo de la lógica con la que cada pueblo ha sido educado, puede llegar a ser visto como cierto. Nosotros tenemos tren, ellos no. Nosotros tenemos agua y luz, ellos no. Pero tranquilos, no empecéis a sentiros culpables todavía, esto no ocurre siempre de un modo unilateral, pues este tipo de elementos o individuos que lo fomentan suelen estar siempre a ambos lados del río.
Todas estas diferencias, o abismos, que existen hoy en día –más importantes los abismos económicos y de desarrollo- forman parte, o son consecuencia, del pasado. Los humanos solemos olvidar que todo lo que pertenece a nuestro mundo está relacionado en un grado mayor o menos, y que todas nuestras acciones pasan a formar parte de una cadena de eventos que nos puede llevar a catástrofes en el futuro. Si se hace bien la cosa, en el futuro se podría vivir mejor, todos –no hay motivo para ser cenizo.
Sea como sea, carezco de los conocimientos necesarios para explayar este tema de un modo más convincente y profesional. Pero si puedo desarrollarlo a pequeña escala y hacer algo de “taumaturgia” –hacer que ocurra a gran escala lo que pasa a pequeña escala. O nos metemos con el frikismo otra vez.
Nosotros llevamos una vida. Ésta está condicionada por nuestro carácter, personalidad, educación, entorno y experiencia. De hecho, si lo pensamos bien, nuestras vidas están siempre pendientes de cambio o evolución, aunque parezca que no pase nada. Pues, sigo, una persona disfruta de la vida yendo de fiesta todos los fines de semana, se compró un coche y le gusta el “chunda-chunda”. Otra disfruta jugando a jueguecitos de mesa y ordenador, no le gustan las discotecas, pero puede tolerar los pafetos. Y una tercera persona gusta de hacer deporte, todos los fines de semana se va a hacer excursión, senderismo, puenting o cualquier actividad deportiva extrema. Estas tres personas conciben su vida de ese modo, y puede que quisieran algo más, una parte de la de los otros, pero su experiencia los sitúa en el centro de esas vidas –con, condiciones óptimas, sin ningún factor que las convierta en elementos no deseados; lo cual puede que ocurra más tarde, pero ese no es el tema ahora. Para ellos ese modo de vida es lo mejor que pueden hacer y, quizás puedan caer en la demagogia pensando o declarando que los que viven las otras dos vidas son unos capullos que no saben lo que hacen. Evidentemente lo ideal siempre será tener un poco de todo, pero no pudiendo ser, o solo centrándonos en los aspectos morales del asunto, solo nos queda corroborar que cada uno vive una vida diferente y que eso no necesariamente la hace, de un modo global, mejor que las otras dos. Será mejor para ellos, pero no contiene una verdad absoluta sobre todos los individuos.
Quizás lo mismo se pueda aplicar a las religiones y normas o leyes, cuando abandonan el terreno del sentido común –cuando hay algo que no puede ser explicado ni razonado por todos los individuos.
Se podría decir que lo importante es ser consciente de lo que estamos haciendo en todo momento, aunque solo sea para no ir luego quejándonos por el mundo de lo tontos que hemos sido.
Las cosas se consiguen con esfuerzo y tiempo. Yo, en mi tiempo, monté y pinté ejércitos de no-muertos y demás figuritas. La cosa es que pretendo volver a hacerlo, con tiempo por delante y no poco trabajo de por medio. Pero ya me he acostumbrado a que las partidas de rol sean una vez al mes como mucho y no una vez a la semana como antes. El paso del tiempo también es algo de lo que he tomado consciencia, y con ello de lo poco que tenemos y lo poco que somos. Treinta años y todavía soy un niño.
Cuando tenía dieciséis creía que sabia algo, a los dieciocho me enteré de que no. A los veinte me dije que no era a los dieciocho cuando sabía algo, era “ahora”. Pero a los veintidós ya empecé a pensar que por mucho que pasara no acabaría de saber nada. A los veinticuatro no me preocupé por saber si era o no maduro, me sentía viejo. Nunca hice nada que me hiciera sentir joven. Ni antes ni ahora, lo lamento pero no puedo evitarlo. A los veintisiete me di cuenta de que no quería ser viejo, pero que la vida se me escapaba, no tenía nada. Mi mundo se resquebrajó y un frío viento lo congeló todo. A los veintinueve me empecé a mover, ¿tarde? No sé, se dice que nunca es tarde, pero hay “nuncas” que no han llegado todavía y, por lo tanto, se hacen eternos. No es que no pueda conseguirlos, pero, ¿sabes? Me llaman friki, y a los jedi hay cosas que no nos gusta hacer, por mucho que nos duela.
Con más calma, analizando el sueño, me doy cuenta de que es reflejo de la inquietud que siento. El año pasado era una prueba, éste es el definitivo. Esta semana voy a matricularme y soy consciente de que durante el transcurso del curso que queda me he de poner las pilas, tomar las decisiones “correctas” y decidir que rumbo quiero tomar en mi vida. O eso o me cae un planeta encima. La colisión de mundos, el fin del mío y el comienzo de cualquier otro que me sea impuesto, no el que decida yo.
Tengo planes, de las dos clases, de los de “me gustaría hacer” y de los “sé que lo he de hacer así”. Así que supongo que en gran parte el resultado depende de mí.
Nangüe Spirilou, spirilongo lou (7-9-2004)
Ijastrumo L'trosdebrro- Nangüe spirilou, spirilongo lou?
Tunostas Wedelkhapp- Lou.
IL- Lou-lou spirinas, n'guila rass?
TW- Lou rass tefas patàplaf.
IL- Xe, lou n'guila atnka riss-rass janofas.
TW- N'güenno, opro dma tefots Ithela Kaskesh, fusu-fusu riss-rass, lou-cou.
IL- Spirilou!?
TW- Spirilongui lou.
Awende spirilou falou riss-rass nofas sinovas. Nephada lachula deppdepp anfrassa lou n'jill ymec delobo obobo.
Esto se acaba. No, no me refiero a las vacaciones, eso ya es agua pasada, me refiero a las panaderías. Queda poco para que empiecen a extinguirse a un ritmo más que alarmante. Qué se le va a hacer, es el ritmo de vida que se lleva o, mejor dicho, que nos hemos dejado imponer. La lucha de clases ya terminó, ni se ganó ni se perdió –hoy cualquier puede comprar un coche, culo en pompa mediante-, se quedó en un agónico estancamiento que bien puede considerarse como si se hubiera perdido. Aunque no sé muy bien lo que se intentaba alcanzar, no he estudiado tanto, ni las conquistas sociales que realmente se alcanzaron, si que da la sensación de que la cosa ha quedado “zanahoria-atada-a-palo”. Tampoco es que se pueda hacer mucho al respecto ni se pueda señalar con el dedo a un sector de la población mundial que corte el bacalao –en su caso sería mínimo-. Qué coño, si los hay, saben lo que hacen, no los han pillado nunca en el ajo.
Nota mental, leer más sobre las conquistas sociales y la lucha de clases en los siglos XIX y XX.
La gente de hoy en día, los que viven en el “Primer Mundo”, parece ser que ha entrado en letargo a base de tener las necesidades básicas garantizadas, o la zanahoria. Llegados a este punto al que, quiero creer, la humanidad ya ha llegado antes con otras civilizaciones, solo queda un paso para ir más allá, enseñar y aprender a pensar. Lo malo es que cuando unos pocos lo empiezan a lograr se va todo al garete por guerras y estancamiento de la sociedad y las instituciones. Otra cosa ya más seria sería reflexionar acerca de las posibilidades reales que tiene una sociedad, si no la humanidad en sí, de llegar a pensar por sí mismos de un modo racional y mínimamente egoísta. Porque eso es lo que nos echa a perder la mayor parte de las veces, el egoísmo y sus variantes –envidia, codicia, chulería, desenfreno… parezco
Como veis ya se me ha ido la olla, así que lo dejaré ahora que estoy a tiempo de ofender solo a unos pocos, antes de que esto se convierta en una ofensa a escala mundial por la gracia de los dogmas y estamentos pre- y post- establecidos.

Caldo de Bujaspatarrás
Cazuela de hirviente agua
Ancas de rana, sangre de lagartija,
Rabo de toro y orujo de botija
Seis veces remover y dejar el caldo cocer
El tiempo ha pasado, el arte ha cambiado
Cazuela de hirviente caldo
Obsoleto te has quedado
Ranas o caracoles
Alimañas o castañas
De todo comen plebeyos y lores
El tiempo ha pasado, el arte ha cambiado
Y las brujas se han modernizado
Nuevas formas han desarrollado
Para predecir futuro y ver pasado
Y, no, ningún porro me he fumado
Cazuela de hirviente sopa
Tres puñados de hach, dos de farlopa
Los cedé de Manowar sin tapadera
Échele sal y cocacola, no vaya a ser que hierva sola
Y cachimba de calimocho a repartir entre ocho
¡Ojo! Remuevan bien el tinglado
Éste brebaje ha de estar bien mezclado
Pruébelo bien salado
Pues con justicia ha llegado
The Hollow Ones
Pálidos retratos de Dorian Gray
Hundidos en la juventud sin juventud
En la edad sin edad
En la vanidad sin gozo
Almas en pena de lo social y mundanal
De lo épico y lo romántico
Miran hacia dentro de sus seres huecos
Escuchan el interior de sus seres huecos
Mas, ciegos a sus ojos
Y sordos a sus oídos
Gritan
Gritan mudos a sus bocas
Seco el rocío de sus pechos, se agrietan sus corazones
Y lloran lágrimas huecas hacia su interior hueco
¿Cómo puedo salir, hermano?

Mártir para unos, villano inconfundible para otros, no hay lugar para zonas intermedias cuando tratas con los Sidhe. Y más vale, por tu bien, que no tengas nada pendiente con ellos…
Era mi intención, ya en la semana pasada, hablar de los faericos Sidhe –por influencia de mis recientes lecturas, pues en este mundo todo se mueve con las olas y sube o baja según la marea-. Pero eso era la semana pasada, una que pasó extraordinariamente deprisa, tanto que apenas ha dejado huella de sí en mi memoria.
Ahora, al principio de esta, recién estrenada y con el acelerador también pisado a fondo, me hubiera gustado hablar de blancos y negros. No de la pigmentación de la piel, no, sino de cómo nos facilitamos la vida los humanos viendo las cosas de un modo bicolor, sencillo y cómodo, sin complicaciones morales. Trazamos nuestra frontera, ya sea cultural o social, y más allá de ella ya no nos vale nada. Y ojo con tener un pie a ambos lados, pues dependiendo de lo cerca que estés de nosotros te veremos “aquí” o “allí”.
Humanos, para qué decir más. Y, aún así, hay veces que es necesario trazar esa frontera y actuar en consecuencia. Que lío, ¿no? ¿Mal si ando, mal si no ando? No, no es tan complicado, o puede que si, tan solo hay que saber cuando andar. Cosa nada fácil, aunque si hay gente que tiene una gracia especial para hacerlo de un modo natural, innato.
En los albores del verano, me asalta una duda. ¿Podré o no podré practicar el desarrollo de nuevos platos de suculenta comida antes del nuevo ciclo de estudios? Sigo esperando, meses ha, “la llegada del foguer”, xe!
Tengo un par de bolsas de harina de okonomiyaki, y una de tenpura, listas para ser abiertas antes de su fecha de caducidad. Pues no, no hay manera, la gente se va a ir de vacaciones, o emigrará en busca de mejor clima, y no va a haber manera de “practicar”.
Bueno, no hay problema, si falta de uno buscaremos de otro. Si hay un Señor del Mal, debe de haber un Chôjin (y cosa mala es). Aprovecharemos que el carror derrite neuronas para buscar una presa fácil que esté dispuesta a someterse a las más exquisitas y placenteras torturas del masaje y la “media” cocina (porque de alta nada).
Hoy presentamos, Boldar y Somon.
Somon fue en su juventud un idealista de la paz y el bien convenientemente repartidos a golpe de acero. Boldar era como un niño grande, muy grande. Ambos se unieron a la organización “
Somon, Boldar y sus esbirros atacaron al grupo de PJs en una pradera, todo habría salido bien si los PJs se hubieran preocupado algo más por el objeto que les sustraían y no tanto por acabar con la vida de Boldar, a la sazón menos capaz que Somon. El caso es que el noble Somon, confiado de su capacidad contra unos cuantos jugadoruchos, volvió sobre sus pasos para salvar la vida de su amigo y compañero. Craso error, en menos que dan tres rondas había muerto y Boldar huía confuso y sentenciado para el resto de sus días. A partir de ese momento el pobre Boldar no sabría si se llamaba Boldar o Somon. Y todos sus intentos de venganza quedarían en nada ante el poder creciente de los PNJs.
Otra vida truncada por la fatalidad.
En la siguiente entrega hablaremos del enano Matatrolls sin nombre, pues lo perdió junto a la honra y lo que pueda hacer a un hombre mirar al frente sin sentir vergüenza de sí mismo. O quizás no lo hagamos, aquí, al contrario q los PJs, somos sensibles. Solo diré que nunca en mi vida de master vi tanta crueldad y sadismo… o quizás si.