jueves, diciembre 31, 2009

Ya es primavera... en invierno.

Hace más de una semana que entramos oficialmente en el invierno y los termómetros se han vuelto locos. En apenas dos semanas hemos pasado de temperaturas bajo cero (unos mínimos pero notables -1 ó -3ºC) a rozar los 14ºC nocturnos y los 23-24ºC en mediodía. Vamos, que hace una calor que te torras.
Pero no es de la calor ni del cambio climático de lo que quería escribir hoy en esta bitácora que tengo -y tenéis- medio abandonada. No, hoy toca aprovechar que es 31 de diciembre, fin de año -para algunos-, y con ello llenar de algo mi ausencia por estos lares.
Mucho ha pasado pero en realidad no ha sido nada, nada que no tuviera que acabar pasando, quizás. Ahora ha llegado el momento de la escisión del yo, poniendo un pie en el pasado y otro en el presente mientras el futuro hincha vientres, el momento de la economía de actividades, del no depender de uno mismo, de dejar de mirar de reojo la automática y preguntarse qué tal sería jugar a la ruleta rusa con una de esas. El cambio de año simboliza para muchos un cambio deseado, un tren al que agarrarse deseosos de que nos lleve lejos de nosotros mismos, de nuestras vidas. Una excusa, un modo de no hacer nada y esperar que todo cambie porque sí, que haga el trabajo el "tren". Pero para mí ya cambió la cosa. No quise darme cuenta en voz alta, pero lo sabía, poco a poco mi vida iba remodelándose, y ese algo se pegaba a mí, el tiempo se volvía un extraño que me daba la espalda cuando menos lo esperaba. Y al principio de todo la revelación y el temor. La revelación que con una claridad cristalina me entró por los ojos y se alojó en la parte de atrás del cerebro, permanente, constante. Y el temor, ah, el temor a un rechazo esperado, a la envidia, esa "españolidad" presente incluso entre aquellos que niegan serlo. Y un gran desconcierto siguió al Big Bang.
Mi vida se expandió, y los ecos lejanos que llegaban de cosas de ayer y hoy que aferraba con las uñas, ecos de gritos tímidos y silenciosos que di en un tiempo pretérito, asustado por la certidumbre de un fin agónico y nocivo, esos ecos se veían apagados por la maravilla de un universo en expansión. Pero a pesar de lo que se sabe, que siempre es poco, del vacío, siempre duele y dolerá dejar algo -alguien- atrás.

Hoy, gracias al tradicional y típico cabreo laboral, podría haber empezado la entrada hablando de lo caro que está el panorama editorial -libros, tebeos, revistas- en España -que no se puede decir la palabra España, pero ya la he dicho (España)-. De lo necesario y bueno que sería llenar más las bibliotecas, de gente y de peticiones de libros menos habituales, menos best sellers. O quizás, de lo conveniente de crear bibliotecas de amigos, de comprar y compartir. No solo libros, películas, música, juegos, etc...
Ahí no hay vuelta de hoja con lo de las descargas, se comparte material "físico", prohibir que la gente se dejara cosas sería denigrante e ilegal. Y sin embargo estoy seguro de que si algún día este o aquel sector lo necesitan "por un bien mayor", se hará.

Y qué me decís de los rastrillos populares -o caseros, o como se digan-. De cuantas cosas me desharía yo sacando algún que otro beneficio €conómico... Bueno, ahí está el Ebay, no es justo lo que deseo pero me servirá.
Lo cierto es que esto ya se acerca poco a poco a las habituales propuestas de fin de año-año nuevo. Y mira que nos proponemos cosas que no dependen únicamente de nosotros, pero en fin, por pedir...

Y aquí me despido, ha sido un placer. No espero comentarios hasta que la gente esté muy aburrida (o quizás no los haya más), ni sé si volveré a escribir en una temporada. Hay cosas que nos tienen en la toalla en alto, haciendo como que la vamos a tirar, solo por joder. Sed más humanos y agradecer más interior y exteriormente lo que vuestra gente os da, os ha dado y os dará. Que la Luz sea con vosotros.

¡¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!!